Bailarina · Del escenario al horizonte
Valencia, 1980. María empieza a bailar a los ocho años y el ballet se convierte en su columna vertebral: la barra, el repertorio, la disciplina silenciosa que se esconde detrás de cada gesto ligero.
Formada en la Escuela Superior de Danza — Conservatorio de Alicante (1998–1999), amplía después su lenguaje al contemporáneo, el jazz, el flamenco y los bailes de salón y latinos. En 2004 viaja a La Habana para trabajar con los maestros Laura y Fernando Alonso, y baila La Sílfide en el Gran Teatro de La Habana.
Después, el mundo: bailarina en la compañía Jazz du Funk de Shanghai, profesora de flamenco en China, burbuja de Freixenet, coreógrafa y maquilladora teatral — un oficio que cada año vuelve a brillar en las fiestas de Moros y Cristianos de su tierra. De vuelta a casa funda Mundance, su tienda para bailarinas, y crea Shido Dance Wear, su propia marca de maillots — uno de ellos bautizado «Shanghai», como la ciudad que la vio bailar más lejos.















«La danza no es un lugar.
Es una forma de estar en el mundo — en un teatro o en mitad del océano.»


En septiembre de 2018 la familia zarpó de Gandía a bordo del velero Saramia: María, Jorge y sus hijas Sara y Mía. La pandemia los devolvió a casa desde una isla desierta de Panamá — y trajo a Erik, el tercero a bordo. En 2023 volvieron a soltar amarras en el catamarán NÏU, esta vez rumbo al Pacífico.
A bordo, María lo ha sido todo: ha criado a sus tres hijos entre dos azules, ha llevado el timón y las guardias como una tripulante más y ha visto amanecer en más de 21 países. Casi todas las mañanas empiezan igual: yoga en cubierta, con el horizonte por único espejo.
Y porque la danza no se detiene, María tampoco: nunca ha dejado de formarse — en el método Pilates, nueva gramática de su cuerpo, y en nuevas formas de arte suspendidas de la jarcia: el aro y las telas, bailando sobre el agua.










El viaje completo, contado por la familia en unavueltaporelmundo.com.
«Primero fue el escenario. Después, el mar. La disciplina es la misma: presencia absoluta, cuerpo y silencio.»María Conejero