Casi todas las mañanas de María empiezan igual: yoga en cubierta, antes de que el barco despierte. La red del catamarán como esterilla, el balanceo del fondeadero como maestro de equilibrio y el horizonte por único espejo.
Es su manera de afinar el día: respirar, estirar, sostener — la calma que una bailarina reconoce enseguida, porque se parece mucho al silencio que precede a la función.












